Entrevista a Silvia Rey

Entrevista a Silvia Rey:

“El amor al cine, ese sí que es un amor que traspasa todas las fronteras.”

Entrevistamos a Silvia Rey, directora del cortometraje “Wan Xia: la última luz del atardecer”, que se proyectará en el marco de Lychee International Film Festival 2018.

SILVIA REY

Silvia Rey es directora y programadora de cine. Es licenciada en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense de Madrid y máster en Documental de Creación por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Además ha realizado estudios de guión en el CUEC, en México. Dios sabe es su primer largometraje.

¿Por qué decidiste tomar las tradiciones de la comunidad china como punto de partida? ¿Hasta qué punto tu intención original ha evolucionado hasta Wan Xia: la última luz del atardecer?
En general, me interesan los colectivos que crean su realidades paralelas, en eso los inmigrantes son igual que los artistas, y especialmente siempre he sentido una fascinación especial por los chinatowns . El deseo de esta película surgió cuando conocí Usera, y mi intención era hacer una historia que ocurriese en el Año Nuevo Chino. Entonces, acompañando uno de los desfiles de esos días, me colé en el Centro de Mayores Chinos, y al traspasar la puerta supe que ahí estaba la película: ¡aquello era China! (o al menos así me la imaginaba yo que nunca he estado allí).

Cuéntanos de dónde sale el personaje de Chen. ¿Se trata de un personaje real en un contexto ficticio o de un personaje ficticio en un contexto real? ¿Cómo llegaste hasta él? ¿Qué fue lo que te hizo decidir que su historia protagonizaría del cortometraje?
Chen es un personaje real, en realidad Chen es lo más documental de la película, aunque su historia o incluso su nombre nos parezca imposibles. Yo tenía un protagonista que se volvió a China antes de rodar, así que lo primero que hice en el rodaje fue aprovechar para entrevistar a varios ancianos que frecuentaban el centro, y Chen estaba encargándose del centro esos días sustituyendo al bedel habitual. Chen nos cautivó porque era un narrador nato, y aunque mi deseo era contar la historia de un anciano que quiere volver a China, me costaba renunciar a él. Así que en montaje dudamos si el protagonista sería el fantasma o Chen y acabamos por introducir a los dos como héroe y antagonista. Chen es el ideal de la China de Mao, un campesino que gracias a su inteligencia y dedicación consigue mejorar su posición social: es un ejemplo por su dedicación a la comunidad. En cambio, el fantasma es un anciano hedonista que solo piensa en satisfacer sus deseos, y está dispuesto a boicotear a los demás la celebración del Año Nuevo Chino.

Llama la atención el modo en que construyes elementos fantásticos (el fantasma) sobre el paisaje documental de la vida en Usera. Este mecanismo recuerda a la mezcla estilística entre ficción y realismo de Pasolini, ¿podrías hablarnos de tus referentes?
Estudié documental en la Pompeu Fabra y allí es habitual mezclar ficción y documental siempre que el resultado corresponda una cierta “verdad”. Yo he dado un paso más al introducir elementos claramente fantásticos sobre la base del documental y en eso entiendo la comparación con Pasolini que es capaz de pasar de la imagen documental al mito y que me parece fascinante. Efectivamente, construyendo al fantasma recordaba al cuervo de Pajaritos y Pajarracos de Pasolini, pero también a directores recientes como Joan Cesar Monteiro, Miguel Gomes, o Apichatpong Weerasethakul. Otro referente claro era Bergman y, en general, los cineastas capaces de, en un momento, llevarte de la realidad al surrealismo; y por supuesto Kurosawa y Mizoguchi. Todos esos cineastas están dentro de mí, pero creo que tan mezclados unos con los otros que ya no son tan reconocibles.

Más allá de la barrera idiomática, ¿con qué otros choques culturales te encontraste durante grabación del cortometraje?
Personalmente, creo que para un occidental que no haya estudiado la historia de China, como yo cuando empecé a rodar la película, la barrera idiomática no es la más importante. Cuando me sentaba con el traductor y me daba las traducciones, le decía: ¡Y ahora explícamelo!, porque creo que la distancia cultural es tan inmensa que cada frase era un salto al vacío. Después de leer todo lo que he podido sobre la historia de China y tener largas charlas con el sociólogo chino Bo Pang, puedo empezar a entender algo. Pero sobre todo aprendí a poder no entenderlo todo.
En occidente tendemos a sobre racionalizar, porque, al entender, el otro empieza a ser previsible; sientes que lo controlas. En la película, gran parte de los espectadores pasarán por mi mismo proceso: los que se dejen seducir en la incomprensión, disfrutarán. Estoy hablando de espectadores sin un conocimiento previo de China.Para un espectador chino o que ha vivido en China probablemente la lectura es otra. Hay muchas capas para leer en la película.

¿Qué une a españoles y chinos?
Yo no he estado nunca en China, pero a los chinos de Usera les gusta mucho comer y emborracharse con vino, como a nosotros. En general, lo que más me sorprendió es el deseo de divertirse, que es algo que no asocias con la cultura china del trabajo. Quizás sea una característica solo de los chinos de Qingtian que viven en España, no lo sé. Lo que sí nos unió a estos ancianos y a mí fue el amor al cine: ese sí que es un amor que traspasa todas las fronteras

¿Qué supone para ti que tu cortometraje se proyecte en Lychee International Film Festival, un festival dedicado por completo al cine chino? Teniendo en cuenta el tipo de audiencia que acude al festival, ¿qué crees que puede aportarles este corto?

Creo que la película tiene muchas capas de lectura: los espectadores europeos más vírgenes (como era yo) lo leen en clave del absurdo, una mezcla de incomprensión y fascinación. Pero para un espectador chino tiene una lectura verdaderamente documental, y, claro, un cinéfilo o un artista apreciará sobre todo los elementos narrativos y la mezcla de lenguajes. Lo importante es que vengan predispuestos a dejarse llevar.

Autor: Siyu Zhou 周斯宇